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03 mayo 2006

De la razón a lo irracional

Si el Koala lo hubiera captado a tiempo, en su canción; "Opá, yo viaze un corrá" seguro que introduciría una nueva estrofa, "pa echar gorilillas y pa echar moninos".
Pero seguramente los tres derechos que, en el Proyecto del Gran Simio, se defienden: Derecho a la vida, a la libertad, y a no ser torturados; no se cumplan en ese imaginario "corral", ni en la vida misma. Dice un refrán popular: La vida buena es cara, hay otra más barata, pero eso no es vida.
De nuevo el gobierno de ZP en acción, otro absurdo, suma y sigue.

Curiosamente, por parte de este gobierno, se están destruyendo los derechos de muchos ciudadanos, mediante la humillación, el desprecio, y el desprestigio, ¿cómo podemos comparar humanos con monos? y ahora, en contraposición, se le quieren reconocer derechos a quienes no pueden, "porque su condición así está establecida"; emplear la razón para poder diferenciar y, a su vez, tener la sensación del bien y el mal, de lo injusto o lo justo, de la verdad o la mentira, de lo legal o lo ilegal. La verdad es que no me imagino a un mono en la cola del Ministerio de Sanidad, exigiendo una sanidad pública, gratuita y universal.
¿Es racional la disgregación de España como nación y querer una República en una España Constitucional cuya forma política es la Monarquía Parlamentaria?
El acto de pensar para formular juicios y opiniones, así como la capacidad de lucidez para aceptar, comprender y exigir un derecho; brillan por su ausencia en todo animal irracional. Los simios son animales irracionales, y por lo tanto, no razonan; y al no razonar, son incapaces de solicitar un derecho.
Ellos se guian por su instinto animal de supervivencia. Los simios, como cualquier otro animal, tienen que recibir cariño y la protección para que siga su supervivencia, y para lograr esto hay que establecer normas y leyes que castiguen el maltrato de los animales por parte de muchos indeseables e irresponsables que hay por el mundo.

Una cosa es la norma de protección animal y otra, la atribución de un derecho a quien no puede reclamarlo; justamente por su irracionalidad.


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