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26 enero 2006

Liberal, militarista y español; así soy yo y así quiero que sea España

Así me autodefino yo y así creo que soy en cuanto a pensamiento político. Se que esto va a ser devorado por aquellos a los que les gusta llamarme liberal en tono jocoso pero creo necesario dejar bien clarito cual es mi ideario político ante de las diversas interpretaciones –algunas ciertamente alucinantes- que van desde “liberal de pacotilla” hasta “franquista” o “fascista”. Pues bien, soy liberal en lo económico, con cierto grado de militarismo que creo imprescindible para la fortaleza de cualquier estado y español, sobre soy español y a mucha honra.

Entremos, pues, en aspectos más concretos y menos generales. Abogo, sin duda alguna al respecto, por un estado fuerte pero basado en la libertad de cada ciudadano, es decir, yo quiero un estado fuerte pero no un “papi estado” sino que quiero que el estado sea fuerte para defender los intereses de quienes lo forman –que son los ciudadanos- y y no para ordenarles su vida como si fuesen animales que siempre se van a equivocar en sus decisiones. Precisamente los humanos nos diferenciarnos de los animales en nuestra capacidad de elección y raciocinio pero si estas facultades se les concedemos al estado bajo el que convivimos por vagancia entonces estamos dando pie a que sea el estado quien controle cada paso que damos y quien nos indique por donde debemos ir en cada momento; darle al estado esas facultades de las que hablo supone el principio del fin de la libertad de cada ciudadano. Por ejemplo la política educativa no puede estar sometida a los vuelcos electorales que se producen cada “x” años porque el estado está dominado por políticos y al fin y al cabo los políticos son humanos y como todo humano pues tienen un afán de poder y control que es insaciable y nocivo para la sociedad civil; y como hemos entregado al estado la capacidad de moldearnos (educarnos) desde pequeños hasta mayores pues no podemos consentir que esta facultad concedida al estado quede en manos de los políticos porque estos tenderán a utilizarla para conseguir el aborregamiento de unas masas que en el futuro les sigan como si de dioses se tratase. La política educativa además de ser una ley como otra cualquiera debería de ir aprobada por referendo plebiscitario no sólo con una simple mayoría de “la mitad más 1” sino que debe venir aprobada por una mayoría cualificada de los ciudadanos –un 70%- de manera que nuestro sistema educativo lo rijamos nosotros mismos y no unos políticos que siempre van a querer “adoctrinarnos” para que les sigamos en sus tesis como pollos sin cabeza.

En el terreno económico debemos avanzar hacía un óptimo económico-social y no hacía el gandulismo social que propone la actual concepción del estado. Tenemos una filosofía de estado que encaja perfectamente con los postulados “hobbvianos” (de Hobbes) de que el hombre es malo por naturaleza cuando en realidad no es así porque el hombre (utilizo la palabra hombre como generalización de hombre y mujer) con una pequeña ayuda del estado es capaz de llegar mucho más allá de donde llegaría si se rige únicamente por lo que el estado le dice. Esta visión “hobbiana” hace que nuestra actual política económica (ojo! No la de este gobierno únicamente sino la política económica en España desde la muerte de Franco) se basa en decir “ciudadano no te preocupes si algo va mal o si no quieres esforzarte, que aquí esta papi estado para darte lo que necesites y para igualar a los que más se esfuerzan con los que menos se esfuerzan”. En este punto considero que los sindicatos y la actual legislación laboral son una tremenda lacra para el avance y el bienestar económico de nuestra sociedad. Ahora es cuando toca decir que el “Welfare State” de Keynes es una lanza en pro de la gandulería social, puesto que estableció un sistema de pensiones que en pocos años nos va a llevar la quiebra total y absoluta puesto que debido a la modificación de nuestra pirámide demográfica –algo que es consecuencia de la mejora económica y social- es insostenible desde todo punto. España debe ir hacía un sistema capitalista de las pensiones que nos lleve al punto en que el Estado no tenga que pagar ni un solo €uro a los “pensionistas”; esa reforma ha de ser gradual dado que a los trabajadores de 50 años que llevan toda una vida cotizando y pagando impuestos para luego recibir una pensión pues no se les puede decir ahora que ya no van a cobrar pensión ya que eso sería un robo a mano armada del estado para con el ciudadano de a pie. Un mercado de trabajo donde primen los salarios en base a la productividad y al beneficio que obtenga la empresa de manera que así se consiga poner en un mismo lado a los intereses del empresario y a los del trabajador asalariado. Un mercado de trabajo donde se implante el despido libre excepto en aquellos casos que la ley considere despido improcedente y donde cabrá una sanción para el empresario que habrá de cobrar el trabajador; por ejemplo no se podría despedir a ninguna mujer por el simple hecho de estar embarazada. Ese “despido libre” por el que abogo fomentaría la competencia entre las empresas y haría aumentar los índices de productividad hasta “techos” nunca vistos, lo cual iría todo en beneficio de la economía global y de la particular de cada ciudadano. Ni que decir tiene que acompañado a todo esto debería ir una reducción –comparable en proporción- de impuestos que se le retienen al trabajador en su nómina de cada mes, así como una eliminación de los tramos impositivos de cualquier impuesto estatal de manera que todos paguen una proporción igual de sus beneficios y que no se vea primado el “ser pobre” ya que ello es ala vez un aliciente para el dinero negro.

Volviendo por un momento al tema de la educación y para despejar las incógnitas que hayan podido quedar sobre cierto tema muy espinoso en estos momentos diré que por supuesto el estado ha de ser concebido como un Estado Laico, ya que desde mi punto de vista ni el estado ni los políticos, por mucho que así lo desee la mayoría ciudadana, son nadie para imponer una moral u otra los alumnos escolares. La moral que la enseñen o la den los padres, y el estado que limite a educar y a preparar a los ciudadanos para saber desenvolverse sin problemas en la “vida real”.

¿Por qué soy y me siento español?

Soy Español y estoy muy orgulloso de serlo porque considero que España es la patria común e indivisible de todos los españoles a la vez que creo que España es patria común de todos porque es la nación única existente sobre la que se fundamenta la soberanía nacional y la legitimidad de un Estado que no sería nada ni nadie sin esa nación única e indisoluble. Por ello caben las diferentes concepciones de organizar España pero no cabe la desmantelacion del mismo ni tampoco cabe la aquella política medieval que hoy se intenta reconstruir de dar privilegios y derechos económico-fiscales a unos territorios sobre el resto.

El Estado no está formado por las comunidades autónomas sino que está formado por los ciudadanos, el Estado es una forma de organizar la nación y la nación es un conjunto de ciudadanos asentados sobre un territorio, así pues el estado no se fundamenta en las comunidades autónomas sino en los ciudadanos que lo constituyen.

Termino defendiendo ese militarismo al que hacía referencia en el comienzo de este artículo como pilar básico sobre el que fundamentar la estabilidad de un estado que podría verse sometido a presiones de estados extranjeros. Por esta principal razón y por la de garantizar nuestra seguridad España ha de tener un ejército fuerte que sea capaz de defender nuestra integridad física como ciudadanos y nuestra integridad como nación ante cualquier amenaza interior o exterior, teniendo siempre como principal peligro las amenazas exteriores. Esa seguridad que nos da un ejército fuerte es la que nos va a permitir desarrollar una economía fuerte y poderosa que a la vez llevará al ciudadano junto con otros intangibles como el amor –algo imprescindible en esta vida junto a la salud- a la felicidad que lleva buscando desde el comienzo de nuestros días.


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