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06 diciembre 2005

De los derechos y libertades

En estos días de invierno mediático que estamos viviendo ante la inmovilidad gubernamental cabe más que nunca ensalzar los Artículos 16.1 y 20.1.a) de la Constitución Española de 1978; la misma que sigue vigente pese a la pesadumbre de algunos que la quieren liquidar. Dicen estos artículos:

“Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto
de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones,
que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley”
“Se reconoce y protege el derecho a expresar y difundir
libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o
cualquier otro medio de reproducción”


En estos días que transcurren ambos artículos de la Constitución están siendo puestos en duda o directamente negados por diversas instituciones o inclusive partidos políticos, algo que no es que implique una moral bastante dudosa sino que contradice directamente a esos derechos fundamentales que la Constitución nos garantiza a todos los españoles. La gravedad no es que estén siendo puestos en duda ya que al fin y al cabo la Constitución no es algo divino y puede ser cambiada con el consenso de todos; la gravedad reside en que estos artículos consagran una serie de libertades que protegen un régimen democrático y niegan un régimen totalitario, así pues en la aceptación de ellos o no depende gran parte de que se desee un régimen democrático o uno totalitario.

Ese ensalzamiento de estas libertades en nuestra Constitución es una de las causas principales de que seamos un país libre cuya soberanía reside en la totalidad del pueblo español. Esta libertad fue lo que todos acordamos en 1978 como el modelo de sociedad a seguir. No acordamos guiarnos por el radicalismo ni por la demagogia populista sino que acordamos guiarnos por la senda de la libertad de la persona, la senda que indica –como dijo Rajoy el sábado- que la nación española la formamos los ciudadanos y no los territorios ni la historia, que es un simple relato de lo sucedido hasta hoy.

Así que deberíamos seguir la senda que nos marcamos en 1978 y no intentar cambiar de senda a mitad de camino porque los saltos “al vacío” nunca son buenos y porque todos los españoles queremos seguir la senda que ya acordamos en 1978 y no otra. Querer cambiar ese espíritu que consagró la libertad de las personas, sería volver a la bifurcación del pasado para quizás tomar “otra vez” la senda equivocada.

Son esas libertades las que marcan la diferencia entre un totalitarismo y un régimen de libertades, y son esas mismas libertades las que hoy en día echamos en falta muchos ciudadanos debido al hecho de que desde distintos partidos políticos y varias instituciones se esté intentando coartar estas libertades con un “oscuro objetivo”. Al margen de idearios políticos, se ha de respetar la Constitución y sobre todo a las libertades que ésta ensalza. Si la izquierda dice ser el garante legítimo de estas libertades no puede estar por otro lado coartándolas, como si de una puñalada trapera a un asesino se tratase.


¡¡Viva la libertad de expresión!!¡¡Viva la Constitución!!¡¡Viva España!!


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