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11 marzo 2005

11M In MeMoRiAn

Hoy, viernes 11 de marzo de 2005 se conmemora un año de la terrible tragedia de los atentados terroristas en los trenes de cercanías de Madrid, atentados que provocaron una conmoción nunca antes vista en la sociedad española. Era ver en la televisión esas imágenes dantescas de gente sangrando en la calle y cadáveres en el suelo junto a los trenes destrozados por las bombas, y se le ponían a uno los pelos como escarpias.

Desde mi lejanía geográfica nunca pude sentir el dolor y la amargura que vivieron las personas que se “toparon” con estos brutales actos terroristas, pero si que sientes una emoción especial al ver la magnitud de la tragedia y más sensación cuando tienes buenos amigos por allí y no sabes que ha sido de ellos porque las líneas telefónicas están saturadas. Es una sensación de impotencia la que se siente desde el exterior de Madrid porque sabes que nada puedes hacer más que donar sangre y prestar todo tu apoyo, pero ciertamente y dada mi juventud es una sensación de impotencia que nunca antes había vivido, de ver como se pierden muchísimas vidas humanas sin que tu puedes hacer nada por evitarlo. Ruego a Dios que tragedias así no se vuelvan a repetir.

Estas palabras que escribo hoy en mi artículo no son sino de homenaje a todas aquellas personas que perdieron la vida por culpa de unos mal nacidos que volaron unos trenes de cercanías en plena hora punta con la única intención de provocar muerte y destrucción. Son palabras de homenaje hacía las víctimas porque no es momento de disputas políticas, es el momento de honrar a aquellos que cayeron por creer en la libertad, por vivir en un país libre, en definitiva por amar la libertad y negarse a adoptar axiomas.

Llevamos años, muchos años, con una lacra terrorista a nuestras espaldas que trata de socavar nuestra libertad y la de nuestra patria pero nunca la sociedad española en general y la madrileña en particular habíamos sufrido tal magnicidio terroristas, tal masacre de civiles indiscriminadamente. Por todo ello nos sentimos en aquel momento más impotentes y más vulnerables que nunca; personalmente tras ver aquello tenía un sentimiento en el corazón que me decía que podíamos ser asesinados en cualquier momento y lugar sin previo aviso por el simple hecho de amar la libertad y de vivir en un país libre.

Quizás sentimos en aquellos momentos la impotencia que sintieron los newyorkinos en el fatídico día del 11 de septiembre de 2001. Pero no es cuestión de sentimientos comparativos, es cuestión de hechos, y el hecho es que tal día como el año pasado la noticia de un terrible atentado terrorista que acabo con la vida de 192 personas nos levanto con sobresalto del desayuno matinal para entrar en nuestra conciencia y no volver a salir; tal vez por ello a la vez que escribo este artículo y recuerdos aquellos momentos se me ponen los pelos de punta y los ojos llorosos.

Que estas palabras sirvan como mi sincero y humilde homenaje a las víctimas, que su memoria sea honrada y jamás despreciada. No os olvidamos.
Un abrazo


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